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martes, 21 de septiembre de 2010

Compañeros de lo Antiguo


Buscamos adornos, marcos de cuadros, frascos, libros, ropa, tela, teléfonos, muebles y fotografías.
Adornamos nuestra casa del Cerro y muchas cosas quedaron sin estrenar.
¿Recuerdas lo difícil que fue para ti mirar otra casa y el temor que te producía que la que tanto te gustaba de un momento a otro se arrendara?
Nos bastó verla por fuera para saber a ciencia cierta que esa casa, la roja del cerro, sería nuestro hogar, el primero de todos para lo dos juntos.
Escuchábamos el Supercristo, nos poníamos nuestro overoles y nos aventurábamos al mundo de los colores, ¡Que linda quedaron las puertas y los marcos de las ventanas! Que hermoso se veían los muebles con sol en esa casa, que maravilloso olor era la mezcla de cera con la viruta líquida. Los colores, tanta cantidad de olores y colores.
Fuimos felices junto a la Amara, Cristian y mi Mamá, los primos, los amigos, las familias…los fuegos artificiales.
Todo cambió junto al temblor y en esa oportunidad te escribí:

Hoy nos vamos, pero las cosas que buscamos y encontramos nos seguirán a cualquier lugar, nos esperarán el tiempo que sea necesario, aunque se llenen de polvo.
No importan los lugares, Valparaíso siempre existirá.


Yo no tengo miedo (bueno, no tanto) a la aventura que libre y responsablemente nos hemos propuesto vivir, quedan tres meses y ya siento un poco el peso de la nostalgia frente a las cosas que hemos vivido acá o allá, nuestra casas del cerro y de la gran ventana. Las familias y las cosas nos han acompañado este tiempo acá, pero de un momento a otro tendrán que dejar de seguirnos para que podamos caminar solos.
¿Dónde quedará Anacleto o los pequeños Valentín y Jesusa? No quiero que estén arrumbados esperándonos en el tiempo, quiero que vivan sus vidas mirando las cosas desde el puesto que deseen estar, quiero que ese teléfono naranja alguna vez vuelva a funcionar y deseo más que nada que tanto la Margarita como el Rigo nos acompañen por las calles, sea en la ciudad que sea.

Lo que verdaderamente quisiera llevarme no me lo puedo llevar, sin embargo, me contento con poderla disfrutar todo este tiempo las veces que ella quiera acostarse a mi lado y roncar.

No me importa donde viva mientras esté contigo, ya lo sabes Jose eres tú y sólo tú quien pone el color Violeta a mi vida.

martes, 23 de marzo de 2010

Gracias, temblor.


La madrugada del 27 de febrero no fue un día casual para nadie. Todos recordamos donde estábamos y que estábamos haciendo el día del terremotazo del bicentenario.
Durante el año pasado me la pasé creando motivos e ideas para celebrar los doscientos años de historia de mi país, siempre con el asunto social metido en la cabeza, le di y le di hasta que encontré el sentido propicio a festejar. Y ahora ¿Qué podría celebrar? El mar se ha llevado buena parte de nuestra historia, ahogó casas y personas, ha sumergido recuerdos de infancia y juventud, helados, ferias artesanales, amores veraniegos y seguramente el local del Fabián en Pichilemu. A nadie le puede ser indiferente este tema aun, nadie puede decir que no le pasó nada con el terremoto, por que si bien, no se le cayeron las casas encima y no terminó con la vida de sus madreso hijos, por lo menos sufrieron la repentina muerte de su televisor plasma último modelo.
A mi la vida me cambió también. Sentí por un momento que nunca jamás en la vida volvería a ser feliz, miré mi casa porteña y conté en todas las paredes grietas nuevas y eso me remeció. Sentí una y otra vez el temblor interno, ese mismo que hoy me hace estar en casa de mis padres, como una niña otra vez, casi envuelta en sus sábanas, llorando y llorando por que nuevamente me asustan los ladrones de mis sueños. Si, a todos nos ha hecho cambiar el remesón, a mi me ha hecho volver a mi origen otra vez, a mi punto de partida, a mi despegue y de aquí quiero volver a encontrar un nuevo sentido para celebrar.
Estoy con la gente que amo: el Jose, mis tres padres, mis cuatro hermanas, mis dos sobrinas, mis primos, tíos, abuelos y los amigos de infancia. Ya no tengo miedo, ya no me asusta que la tierra vuelva a hablar, ni que el mar vuelva a bailar así.
Sea este o no lo que quería hacerme ver y sentir la naturaleza, creo que me gusta y quiero continuar. No hay mejor espacio en la vida que el que te espera siempre. No hay mejor lugar para mi en el mundo que este que voy a formar.